
Varios virus, incluyendo los causantes del dengue y la fiebre amarilla, pueden alterar la coagulación, causando sangrado en los casos más graves. Por esta razón, estas dolencias se consideran fiebres virales hemorrágicas. En un artículo publicado recientemente en la revista científica Memórias do Instituto Oswaldo Cruz, un grupo de diez investigadores defiende que el nuevo coronavirus (Sars-CoV-2) es el primer agente reconocido por actuar en la dirección opuesta: aumentar la formación de coágulos (también llamados trombos) que pueden obstruir la circulación. Teniendo en cuenta la evidencia de hipercoagulación en la enfermedad, los autores proponen que el Covid-19 es la primera infección clasificada como fiebre viral trombótica. Actualmente, la infección se clasifica como Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS).
El estudio está firmado por especialistas en cuidados intensivos, cardiología, hematología, virología, patología, inmunología y biología molecular, que trabajan en seis instituciones de atención médica e investigación científica en Brasil. Estos son: Hospital Pró-Cardíaco, Instituto Oswaldo Cruz (IOC/Fiocruz), Facultad de Medicina de Petrópolis (Unifase), Instituto Nacional de Cáncer (Inca), Instituto Carlos Chagas (Fiocruz Paraná) y United Health Group. En el IOC/Fiocruz, participan los Laboratorios de Virología Comparativa y Ambiental, SIDA e Inmunología Molecular, Inflamación, Patología e Inmunofarmacología.
Evidencias científicas
Casi un año después de la aparición del nuevo coronavirus en China, varios estudios muestran que, contrariamente a lo que se pensaba al comienzo de la pandemia, el Covid-19 va mucho más allá de las afecciones pulmonares. En los Países Bajos, una encuesta identificó complicaciones relacionadas con la formación excesiva de coágulos en el 16% de los pacientes en unidades de cuidados intensivos, incluyendo casos de embolia pulmonar, accidente cerebrovascular y trombosis venosa. En una encuesta francesa, el índice superó el 40%. Además, en las personas que murieron por la infección, los análisis encontraron un daño significativo al endotelio, el tejido que recubre los vasos sanguíneos. La investigación indica que el SARS-CoV-2 infecta las células endoteliales y la inflamación del tejido favorece un estado de hipercoagulación.
"En pacientes hospitalizados, vemos manifestaciones trombóticas a pesar de la práctica clínica habitual de tromboprofilaxis (terapia para prevenir la formación de coágulos). También hay una descripción de los eventos tromboembólicos después del alta hospitalaria, y la formación excesiva de coágulos se observa en los análisis histopatológicos en los casos de muerte por Covid-19", dice el Coordinador de la UCI del Hospital Pró-Cardíaco y primer autor del artículo, Rubens Costa Filho.
Para los autores del estudio, la clasificación de la fiebre viral trombótica refleja el avance en el conocimiento sobre la enfermedad y puede contribuir para el manejo clínico de los casos y la investigación científica. "Esta definición destaca la necesidad de medidas para monitorear y tratar los cambios en la coagulación y apunta a cuestiones que necesitan ser aclaradas, como la identificación de biomarcadores de gravedad, que pueden ser utilizados para guiar comportamientos terapéuticos", dice el investigador del Laboratorio de Virología Comparativa y Ambiental del IOC y autor principal del estudio, José Paulo Gagliardi Leite.
Los investigadores también explican que el cambio de clasificación no afectaría a los actuales sistemas de monitoreo que tanto contribuyen a la definición de estrategias de salud pública. "El SARS es una nomenclatura utilizada para retratar un compromiso clínico inespecífico, ya que puede abarcar una serie de manifestaciones. La fiebre viral trombótica, por otro lado, representaría un síndrome específico. Esta definición es fundamental en el ámbito de la salud", señala Costa Filho.
